Fernanda
Jatón dirige FJ MOSAIC ART Escuela de
Mosaico. Ubicada en el Barrio de Congreso en la Capital Federal de
la Rep. Argentina. El taller es como ella
misma. Ordenado, prolijo, pulcro…sumamente
variado, colorido y lleno de trabajos y recuerdos.
Sobre
todas las cosas, es un taller que ofrece diversidad. Se dictan
clases de VITROMOSAICO (técnica de mosaico pero con placas de vidrio
coloreado) MURALISMO INDOOR ( trabajando la técnica de MURALES pero adaptándola
a espacios reducidos en interiores), MOSAICO 3D ( revestimiento sobre objetos
tridimensionales) y la última novedad que la ubica como referente de FIMO en Argentina (trabajo de arcilla polimérica aplicado al mosaiquismo) MILLEFIORI.
Dictados
por ella también están los seminarios de trencadís, muralismo, introducción al
mosaiquismo.
“Nunca
me sentí atraída por las manualidades, en absoluto. Admito algunos prejuicios respecto a ese
mundo. En la secundaria fui a una
escuela técnica, éramos 5 mujeres en todo el colegio, las materias que más me
gustaban eran: hojalatería, herrería, fundición y todas las materias
relacionadas a oficios…a cosas que se hacían con las manos. Pero no veía una veta artística en ese
momento. Me fascinaba el trabajo del
convertirse una en la hacedora de eso que después iba a usar.”
“Lo
que yo aprendí en esa etapa fue la importancia de la disciplina no sólo en la
enseñanza de un oficio sino a tener disciplina en sí misma, en cualquier orden
de la vida. Considerar desde cómo se
utiliza una herramienta, cuales son las medidas de seguridad, hay un protocolo
para cada cosa.
La creatividad y el método son compatibles.
Qué
soporte es viable para cada material o mismo qué adhesivo es conveniente, eso
tiene que ver con un protocolo de trabajo y con el conocimiento de la técnica”.
MENSAJE EN LA
BOTELLA
“Acabo
de cumplir 45 años y todavía me pregunto qué voy a ser cuándo sea grande,
seguro conservo el alma de niña y el mosaiquismo es muy lúdico, por eso me
encuentro siempre abriendo caminos y zonas por donde hay mucho por explorar,
como docente y como artista y sobre todo, estoy segura que no quiero renunciar
a este sentimiento”.
“Yo
me sentía hábil para todo lo relacionado a lo artístico. Viví muchos años en Barcelona, me enamoré de
la obra de Gaudí, después viví otro tanto en París y amé la vida de los
museos…”
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“Incursioné en el
mosaiquismo por casualidad o por causalidad. Siempre
me fascinó el arte, pero trabajé muchos años tanto acá en Argentina como en el
exterior, capacitando a grupo de ventas en importantes empresas
multinacionales. Capacitaba capacitadores. Cuando me desvinculé de ese empleo, el nivel
de stress con el que vivía me obligó a
reflexionar sobre MI vida. Yo ya había
tenido experiencias laborales y muy buenas en el exterior, por eso sabía bien
diferenciar acerca de un recurso humano útil.
Fui Guía de Turismo, Organizadora de eventos, hoy entiendo que todas
esas vivencias son pequeñas piezas como el mosaico que arman mi vida.
“Encontrando
el rumbo, un domingo por la mañana, caminaba con mi compañero de vida,
Christian. Cuando en una esquina de la Av. Santa Fé, encuentro un
montículo de escombros y azulejos, rotos, enteros…y me sentí sumamente
conectada, imaginé que esos azulejos habrían de ser muy hermosos y que habían
decorado seguramente algún espacio bello, hasta que se cansaron y los
cambiaron. Y yo me sentí que era como
esos escombros.
Entonces y no sé de
dónde saqué las fuerzas para llevarme toda la cantidad que quise en ese
momento. Pesaban muchísimo, Christian me
decía que qué íbamos a hacer…eran muchas cuadras y él me acompañó también
llevando otra tanda mas…
Yo
no tenía ninguna noción ni experiencia de mosaiquismo, pero sentía que algo iba
a hacer. Cuando llegué a mi casa, ví el
hermoso botellón de vino de 5litros que hacía un tiempo había compartido con un
amigo que me venía a visitar y en su afán por acompañar mi recuperación, trajo
tal cantidad así había excusa de venir a vistarme seguido. Revestí el botellón y en ese tiempo, viví un
proceso…quizá pude leer el mensaje que me dejaba. Mi amigo me había hecho prometerle que cuando
termináramos el vino no tirara el botellón, que hiciera algo…el botellón quedó
ahí, juntando polvo…hasta el día que vine con los azulejos.
Si
pude hacer algo bueno, era hermoso por sí solo.
Este
botellón, Bárbara, me salvó la vida…entre otras tantas más…pero cuando lo miro,
resume ese momento…
Después
del botellón…no paré más…”
“Siento
que es un buen mensaje, poder decirle a la gente que siempre se puede volver a
empezar. No sólo comparo mi vida con un
mosaico por lo de las diferentes piezas, variedad de formas, colores y
texturas…sino también por esto de que lo que puede ser deshecho, dado por
descarte y roto, se puede convertir en algo bueno, y si es bueno es
hermoso.
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DE BUENOS AIRES A
PHILADELPHIA
Fernanda
atesora el libro de Emma Biggs, como una de las primeras lecciones de mosaico,
después vino una búsqueda incansable de perfeccionamiento, se define como
autodidacta y defensora de la prueba y error como método de aprendizaje propio.
“De
Rodolfo Sorondo (Argentino y arquitecto) me siento su discípula, el no daba
clases y yo lo cansé hasta que…me planté y entre muchos mates, me quedaba
largas tardes trabajando con él. Y esa
fue una de las más gratificantes enseñanzas que tengo y me llevo conmigo en el
alma para siempre. El no daba clases,
tampoco se manejaba con Internet. Pero
yo veía en Argentina y en Uruguay murales de el, sabía que durante 25 años
había sido docente de la
UBA. Yo le decía
quiero trabajar para vos y lo viví.Siempre estaré muy agradecida. La 1º vez fui
por 1/2hora y me quedé 4hs. El no tiene
programa, el trabaja a la vieja usanza…te hace compartir su trabajo y ese es un
aprendizaje maravilloso”
“Sin
dudar, te diría que la experiencia de 2010 cuando viajé a EEUU a conocer y
trabajar con Isaiah Zagar fue una confirmación de lo ilimitado que era el
mosaiquismo en mi vida.
Estuve 7 días
trabajando con el, en un mural (de los tantos que hay en espacios públicos en
la ciudad de Philadelphia) fue 100% exigente en la técnica, me hizo practicar
su disciplina (todas cosas que justamente yo vivenciaba) me recibió con cariño
y afecto, yo le dije que lo había conocido a través del film IN A DREAMS (documental que uno de sus
hijos filmó sobre su labor)
El
es un ser de luz, tiene 72 años. Tiene
una vida muy especial. El trabajo con
mosaico lo salvó.
Con
3 meses de anticipación confirmamos la
visita para trabajar. Éramos los
primeros sudamericanos que lo visitábamos, nos contaron que lo contratan de
Grecia, de China de muchísimos países para dictar las clases, hacer trabajos.
Nos
llevó a pasear, a mostrar todo su arte en la ciudad. Como pude en inglés le
conté que me había encantado conocerlo y que mi acercamiento al mosaiquismo
también había sido saliendo de un pozo negro y que Christian era mi Julia
(Julia es la esposa de Isaiah, compañera de todos los momentos difíciles) y él
me dijo . “todos necesitamos una Julia”
40
años trabajó hasta que obtuvo el reconocimiento, los vecinos le regalaban los
azulejos que no usaban para que el haga los murales de sus inicios”
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MOMENTOS DE
COLECCIÓN
Fernanda
define los recuerdos como momentos de colección y comparte este que la lleva a
los inicios, cuando conoce a Mariela (fundadora de Mundo Venecitas)
“No
me voy a olvidar nunca de Mariela a quién le compré mi primera pinza…la que
conservo, la que me acompaña, la que me remite a esa época linda donde afloró
todo esto que hoy hago, que transmito, que comparto…que me hace felíz.
Fernanda encanta y el magnetismo es instantáneo. Nos despedimos cuando ella me regala una caja
hecha por ella misma, de sus inicios, revestida con venecitas. Siento que quiere, en parte, darle a cada uno
que pasa por su vida algo de su encanto, su fuerza, su tenacidad, su
aprendizaje y su arte…
Y como siempre,
hasta con lágrimas de emoción, lo logra.
Bárbara I. Spinelli
Escribió en exclusiva para Mundo Venecitas Magazine |